R & G Mortgage Corp. v. Arroyo Torres
R & G Mortgage Corporation, recurrida v. Beatriz Arroyo Torres, Luis Noel Rivera Vázquez y la Sucesión de Xenya Neka Silva, peticionarios
Attorneys
Edwin E. León, abogado de la parte peticionaria; Mádelin Colón Pérez, del Bufete Colón Santana & Román, abogada de la parte recurrida.
Full Opinion (html_with_citations)
emitió la opinión del Tribunal.
En esta ocasión nos corresponde resolver si un deman-dante que publica un edicto para notificarle una sentencia a un codemandado en rebeldía está obligado a notificar dicha publicación a los demás codemandados en el pleito. Evaluada la controversia, resolvemos en la afirmativa.
1 — 1
En abril de 1997, la Sra. Beatriz Arroyo Torres vendió una propiedad al Sr. Luis Rivera Vázquez (peticionario) y a su esposa Xenya Neka Silva. Esa propiedad estaba inscrita como la finca núm. 13,781 en el Registro de la Propiedad, Sección de Carolina, pero en la escritura de compraventa se expresó incorrectamente que era la finca núm. 13,181. En mayo de 1998 se presentó la escritura de compraventa para su inscripción en el Registro, pero el asiento de ins-cripción expresaba que era la finca 13,181. Por tal razón, el Registrador no inscribió el título y lo dejó pendiente para calificación.
Posteriormente, el matrimonio Rivera-Neka dejó de pa-gar la hipoteca de su propiedad, la cual estaba constituida a favor de R & G Mortgage Corporation (R & G). Por con-siguiente, en abril de 2005 R & G presentó una demanda sobre cobro de dinero y ejecución de hipoteca contra la se-ñora Arroyo Torres pues, aunque el título del matrimonio Rivera-Neka se había presentado para inscripción en el Registro, aún la propiedad constaba a nombre de la señora Arroyo Torres. Esto es, la demanda fue presentada sólo contra Arroyo Torres y no se incluyó como codemandados al señor Rivera Vázquez ni a su esposa Xenya Neka Silva.
Luego de varios incidentes, el Tribunal de Primera Ins-tancia permitió que R & G emplazara a Arroyo Torres me-
Ante la realidad de que no podría inscribir su título, en octubre del 2006 “Action Realty” solicitó al Tribunal de Pri-mera Instancia que declarara nula la ejecución de la sen-tencia debido a que se omitió incluir en el pleito y notificar a los esposos Rivera-Neka. No obstante, dicho tribunal de-negó la petición de “Action Realty” y ésta acudió al Tribunal de Apelaciones. El foro apelativo acogió el recurso y ordenó la paralización de los procedimientos en instancia. Finalmente, en marzo de 2007 el Tribunal de Apelaciones revocó la decisión del foro de instancia, por lo que decretó la nulidad de la venta judicial celebrada y devolvió el caso para que el Tribunal de Primera Instancia permitiera que R & G enmendara su demanda e incluyera a los esposos Rivera-Neka.
Inconforme con el dictamen, el 12 de marzo de 2010 el peticionario Rivera Vázquez presentó un recurso ante el Tribunal de Apelaciones.
El señor Rivera Vázquez nuevamente presentó su re-curso ante el Tribunal de Apelaciones el 8 de junio de 2010, y R & G solicitó su desestimación por falta de jurisdicción. Esto así, debido a que fue presentado fuera del término jurisdiccional de 30 días. Esta vez, el Tribunal de Apelacio-nes se declaró sin jurisdicción por entender que el recurso fue presentado tardíamente, pues, según determinó, el tér-mino vencía el 4 de junio de 2010.
Inconforme, el señor Rivera Vázquez presentó ante este Tribunal un oportuno recurso de certiorari y una moción en
II
En síntesis, el peticionario nos plantea dos interrogan-tes: ¿Qué ocurre cuando la parte beneficiada por una sen-tencia no le notifica a la parte perjudicada, cuya identidad es conocida, de la publicación de unos edictos necesarios para notificar a otras partes en el mismo pleito y que se encuentran en rebeldía? ¿Cómo ha de enterarse esta úl-tima de la fecha en que comienza a transcurrir el término de 30 días para presentar su recurso ante el Tribunal de Apelaciones?
Como es sabido, la Regla 4.5 de Procedimiento Civil de 1979,
Ahora bien, en el transcurso de un pleito, la parte demandada por edicto —por las razones que específicamente disponen las Reglas de Procedimiento Civil— puede ser declarada en rebeldía.
[e]l secretario notificará el archivo de una orden o sentencia a las partes en rebeldía por falta de comparecencia remitiéndo-les, cuando su identidad fuere conocida, copia de la notifica-ción a la última dirección conocida, y, si su identidad fuere desconocida o figurare con un nombre ficticio a los fines de la tramitación del pleito, publicando una copia de la notificación en un periódico de circulación general una vez por semana durante dos semanas consecutivas. La notificación se conside-rará hecha en la fecha de la última publicación.(7)
Debido a que en dicha regla existía una laguna respecto al asunto de cómo notificar la sentencia recaída en un pleito en el que una parte fue emplazada por edictos conforme a la Regla 4.5 de Procedimiento Civil,
*519 ... cuando una parte haya sido emplazada por edictos a tenor con la Regla 4.5 de Procedimiento Civil, supra, por razón de que no pudo ser localizada en su última dirección conocida y se desconoce su paradero, dicha parte deberá ser notificada de la sentencia recaída en rebeldía por falta de comparecencia mediante la publicación de edictos, es decir, de la misma forma como fue notificada de la demanda en su contra.
Así, se aclaró que la notificación por edicto de una sen-tencia aplica tanto al demandado en rebeldía de identidad desconocida como al de identidad conocida cuando éste haya sido emplazado por edicto.
Por su parte, con relación al aspecto procesal, la citada Regla 65.3(b) señala que el edicto tiene que ser publicado en un periódico de circulación general una vez por semana durante dos semanas consecutivas. Además, para efectos de la notificación, ésta se considerará hecha en la última fecha de publicación. Es decir, a partir de la fecha de la segunda publicación es que comienza a transcurrir el tér-mino para ir en revisión.
Sin embargo, la referida regla guarda silencio tanto en lo que respecta al término con el que se cuenta para reali-zar el edicto una vez el tribunal emite sentencia, así como con la obligación y forma, si alguna, de notificar a las par-tes una vez éste se haya publicado. Así, pues, la laxitud que el demandante pudiera tener para publicar los edictos no sólo evitaría que la sentencia advenga final y firme por un tiempo indeterminado, sino que ocasiona una incerti-dumbre que pudiera privar a la parte perdidosa de poder revisar el dictamen. De igual forma sucedería si la fecha de la publicación de los edictos no se notifica al tribunal ni a las partes.
Es de notar que una vez se dicta una sentencia, las Reglas de Procedimiento Civil imponen a la Secretaría del tribunal la obligación de notificarla lo antes posible a todas las partes, archivar en autos una copia de la constancia de la notificación y, a su vez, notificar dicho archivo
Claramente, “[l]a correcta y oportuna notificación de las órdenes y sentencias es requisito sine qua non de un ordenado sistema judicial”.
Como ya hemos expuesto, en la situación particular de la disposición de la Regla 65.3(b) de Procedimiento Civil de 1979,
rH I — I f-H
De manera ilustrativa debemos señalar lo que disponen las nuevas Reglas de Procedimiento Civil de 2009 al respecto.
[e]n el caso de partes en rebeldía que hayan sido emplazadas por edictos o que nunca hayan comparecido en autos o de par-tes demandadas desconocidas, el Secretario o Secretaria expe-dirá un aviso de notificación de sentencia por edictos para su publicación por la parte demandante. El aviso dispondrá que éste debe publicarse una sola vez en un periódico de circula-ción general en la Isla de Puerto Rico dentro de los diez (10) días siguientes a su notificación e informará a la parte deman-dada de la sentencia dictada y del término para apelar. Todos los términos comenzarán a computarse a partir de la fecha de la publicación del edicto, la cual deberá acreditarse mediante una declaración jurada del (de la) administrador(a) o agente autorizado (a) del periódico, acompañada de un éjemplar del edicto publicado.
La nueva regla dispone que en casos de partes en rebel-día, la Secretaría del tribunal expida un aviso de notifica-ción de sentencia por edicto para ser publicado por el demandante. El edicto debe publicarse una sola vez en mi periódico de circulación general dentro de los 10 días si-guientes a su notificación y, además, le informará al de-mandado la sentencia dictada y el término para apelar. La disposición anterior elimina la incertidumbre que existe con la regla de 1979, la cual no establece término y lo deja a la prudencia de la parte demandante.
Es evidente que la nueva regla elimina la incertidumbre que dio paso a la controversia del caso de autos, por ende, las situaciones que se susciten al amparo de las nuevas Reglas de Procedimiento Civil no deben confrontar los mis-mos problemas. Sin embargo, cabe señalar que la nueva Regla 65.3(c) de Procedimiento Civil de 2009 tampoco men-ciona si la publicación tiene que acreditarse también a las partes.
IV
En el presente caso, el Tribunal de Primera Instancia dictó sentencia contra los demandados, entre los cuales es-taba el peticionario y la señora Arroyo Torres, quien estaba en rebeldía. Posteriormente, la notificación de dicha sen-tencia fue enmendada el 10 de febrero de 2010 para ser publicada por edicto y así notificar a la señora Arroyo Torres, la cual fue emplazada mediante edicto. Conforme a la Regla 65.3(b) de Procedimiento Civil de 1979,
Ahora bien, los edictos gestionados por R & G fueron publicados el 27 de abril de 2010 y el 4 de mayo de 2010, es decir, 76 y 83 días después de la notificación de la senten-cia, respectivamente. Además, de un examen minucioso de los autos del caso no surge que R & G hubiera notificado ni al Tribunal de Primera Instancia ni al peticionario Rivera Vázquez acerca de la publicación de los mencionados edictos.
Como consecuencia de lo anterior, cuando el peticionario acudió en revisión al Tribunal de Apelaciones el 12 de marzo de 2010, dicho foro desestimó el recurso por prematuro. Luego, cuando nuevamente acude en revisión el 8 de jimio de 2010, el Tribunal de Apelaciones desestimó el recurso por tardío. En ese último dictamen el foro ape-lativo intermedio señaló que la última publicación del edicto fue realizada el 4 de mayo de 2010, por lo que el término jurisdiccional de 30 días vencía el 4 de junio de ese mismo año.
R & G alega que la Regla 65.3(b) de Procedimiento Civil de 1979
En primer lugar, aunque es cierto que la Regla 65.3(b) de Procedimiento Civil de 1979
En segundo lugar, es importante aclarar que aunque la referida regla tampoco dispone que se notifique a las par-tes acerca de la publicación de los edictos, entendemos que como parte del debido proceso de ley, ésta debe realizarse. En la situación particular aquí trabada, existen varios co-demandados entre los cuales hay uno en rebeldía. Claro está, aquellos que no están en rebeldía podrían benefi-ciarse de términos más amplios ya que conforme a la Regla
Sin embargo, eso conlleva que el demandante tenga la obligación de notificar a los demás codemandados de la publicación de los edictos. Si el tribunal y las partes no se enteran de que la publicación se realizó, se crea un ambiente de incertidumbre que perjudica el proceso y la estabilidad judicial. Como ya hemos sostenido, no podemos dejar en las manos de una parte todo el control del proceso. Así, en los casos en que hay múltiples codemandados y sólo uno o algunos de ellos se encuentran en rebeldía, y é stos a su vez son notificados de la sentencia mediante edictos, el demandante está obligado a notificar al tribunal y a los demás codemandados de la publicación de éstos. Además, éstos tienen que ser notificados de la publicación del edicto simultáneamente, es decir, el mismo día en que éste sea publicado. De esta forma, protegemos el debido proceso de ley de las partes y preservamos su derecho de poder ir oportunamente en revisión a un tribunal de mayor jerarquía.
Cónsono con lo anterior, entendemos que R & G tenía que notificarle al tribunal y al peticionario la publicación de los edictos. El argumento de R & G de que el peticionario debió conocer las fechas porque éstas obraban en su escrito de desestimación ante el Tribunal de Apelaciones no nos convence. La notificación adecuada de una parte es aquella que se dirige específicamente a la parte o a su representación legal. No consideramos prudente que las partes tengan que enterarse a través de terceros o tardíamente de la publicación de los edictos; o sea, que desconozcan la fecha en la cual comienzan a correr los términos apelativos. Por consiguiente, conforme a lo expuesto, consideramos que R & G estaba obligado a notificarle al peti-
V
Por todo lo anterior, expedimos el recurso y revocamos la sentencia del Tribunal de Apelaciones. Además, le ordena-mos a la parte recurrida, R & G Mortgage Corporation, que vuelva a notificar mediante edicto la notificación de la sen-tencia emitida por el Tribunal de Primera Instancia dentro de 10 días a partir de la notificación de esta sentencia. El proceso tendrá que ser realizado conforme a las Reglas de Procedimiento Civil de 2009
Se dictará sentencia de conformidad.
Esta fue la determinación del Tribunal de Apelaciones en el caso KLCE-200601764.
En ese recurso el peticionario intentó revisar la determinación del Tribunal de Primera Instancia al alegar que ésta le negó el debido proceso de ley a la parte demandada. De igual forma, intentó revisar la determinación de dicho tribunal que desestimó la reconvención de la parte demandada.
El Tribunal de Apelaciones expuso que el término para recurrir ante ese foro comenzó a transcurrir a partir de la fecha de publicación del último edicto, esto es el 4 de mayo de 2010.
32 L.P.R.A. Ap. III (ed. 2001). Vale mencionar que hacemos referencia a las anteriores Reglas de Procedimiento Civil, pues eran las vigentes al momento de los incidentes de este caso.
Véanse: Regla 45 de Procedimiento Civil de 1979 y de 2009 (32 L.P.R.A. Aps. III y V, respectivamente).
32 L.P.R.A. Ap. III.
Regla 65.3(b) de Procedimiento Civil de 1979 (32 L.P.R.A. Ap. III).
32 L.P.R.A. Ap. III.
Véanse: Reglas 46 y 65.3 de Procedimiento Civil de 1979 y de 2009 (32 L.P.R.A. Aps. III y V).
íd.
Caro v. Cardona, 158 D.P.R. 592, 598 (2003); Falcón Padilla v. Maldonado Quirós, 138 D.P.R. 983, 990 (1995).
J.A. Cuevas Segarra, Tratado de Derecho Procesal Civil, San Juan, Pubs. J.T.S., 2000, T. II, Cap. X, pág. 1138. Véanse, además: Caro v. Cardona, supra, pág. 599; Falcón Padilla v. Maldonado Quirós, supra, pág. 993.
6) Caro v. Cardona, supra, pág. 600.
R. Hernández Colón, Derecho Procesal Civil, 5ta ed., San Juan, LexisNexis, 2010, Sec. 1701, pág. 193.
Cuevas Segarra, op. cit., pág. 1139; Caro v. Cardona, supra, pág. 599.
32 L.P.R.A. Ap. III.
32 L.P.R.A. Ap. V.
íd.
32 L.P.R.A. Ap. III.
Véase Comentario a la Regla 65.3 de 2009, expuesto en el Informe de Reglas de Procedimiento Civil del Comité Asesor Permanente, págs. 752-754.
32 L.P.R.A. Ap. V.
32 L.P.R.A. Ap. III.
La única referencia que tenemos sobre la publicación de esos edictos se encuentra en una declaración jurada incluida en el Apéndice del recurso, en la pág. 158. La copia de la declaración jurada aparece ponchada como recibida en Radica-ciones de San Juan el 14 de junio de 2010, sin embargo, el caso se dilucidó en el Tribunal de Primera Instancia, Sala Superior de Carolina. Según podemos constatar, tal parece que ésta se incluyó como anejo a una solicitud de desestimación presen-tada por R & G ante el Tribunal de Apelaciones, pero no lo podemos plantear de forma concluyente.
32 L.P.R.A. Ap. III.
íd.
íd.